Se habla mucho del 18 de julio pero con poco rigor histórico. Podríamos traer a colación muchos testimonios de nombres que contribuyeron a traer la II República y que después de lo vivido en ella, se unieron al alzamiento del 18 de julio. Portela Valladares, Alejandro Lerroux, Ortega y Gasset, el doctor Marañón, Francisco Cambó... y esto es lo que escribe Indalecio Prieto en 1944, en su obra “Discursos de América”: “Me declaro culpable ante mi conciencia, ante el Partido Socialista y ante España entera, de mi participación en el movimiento revolucionario. Lo declaro como culpa, como pecado, no como gloria”.
La rebelión contra la autoridad justa se llama sedición y contra el poder injusto, alzamiento.
¿Guerra civil?, ¿Guerra entre hermanos? Los hermanos se pelean por intereses económicos, herencias...
El 18 de julio no fue un pronunciamiento militar en la línea de los que se produjeron en el siglo XIX. Ni parecido con el de septiembre de 1923, por orden de Alfonso XIII, que trajo la dictadura de D. Miguel Primo de Rivera. No fue un enfrentamiento de lucha de clases entre la burguesía y el proletariado, ni una revuelta armada entre monárquicos y republicanos. Fue Alzamiento y Guerra de Liberación contra el comunismo y sus cómplices, y Cruzada por el Altar y el Hogar, y su ordenamiento posterior, configuró lo nacional con lo social desde la perspectiva de un hombre trascendente.
El 18 de julio fue legítimo en su origen, (contra un poder tiránico y sanguinario) y en su ejercicio. Ahí queda la inmensa obra social de Franco para disfrute de todos los españoles...
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